lunes, 12 de mayo de 2014

aprendamos de los fallos

Este fin de semana ha sido uno de esos en los que he no he logrado mi meta final... No he conseguido mi objetivo, no he sido capaz de correr 101 kilómetros porque en el kilómetro 80 mis pies llenos de ampollas me dijeron basta... sin duda he fallado, pero afortunadamente ahora toca reflexionar y aprender.


Sin duda necesito aprender de los errores que me han llevado a la no consecución del objetivo y no optar por un sentimiento de frustración o vergüenza. Los errores nos indican que estamos en el camino a nuestros objetivos, y nos ayudan a mejorar y a comprender en qué situación nos encontramos, así como a entender qué es lo que nos está frenando para seguir mejorando, y qué es lo que hemos de aprender.

Pensar, reflexionar y aprender de los errores sin frustrarse. Equivocarse no tiene buena fama, y en esta sociedad encima se penaliza el error y se premia el acierto..., pero en las equivocaciones hay un gran pozo de sabiduría y aprendizaje para conseguir avanzar y debemos ser capaces de saber sacar toda esa información. 

Equivocarse da miedo, vergüenza y culpa, y ésto nos hace temer las decisiones... y si no decidimos, pensamos que no fallaremos, y si no fallamos no habrá frustración por no conseguir nuestro objetivo. Conclusión: nos quedaremos estáticos en un entorno cambiante, y ni avanzamos ni evolucionamos.

El problema es que la vida es un constante prueba y error de forma que no deberíamos temer a equivocarnos, algo que sí que hay que hacer es aprender para no caer en lo mismo. Muchas veces preferimos que otro decida por nosotros y así no nos arriesgamos a equivocarnos, pero esta actitud nos limita y frena nuestro aprendizaje necesario para crecer como personas. Debemos perder el miedo a equivocarnos, pues algo que sólo le sucede al que hace es que una vez resuelto el error es difícil olvidar a qué se debió..., puesto que se ha adquirido un aprendizaje que es necesario para crecer. 

Conviene experimentar y en ese proceso, a través de lo que no funciona, se llega a descubrir lo que funciona, y aunque los errores producen sus incomodidades y sus costes, también marcan el camino a la sabiduría, por las pruebas a que nos van sometiendo y de las cuales, si las afrontamos, salimos aprendidos y fortalecidos.

La diferencia entre las personas que aprenden de los errores y las que sólo saben tropezar con ellos, está en el espíritu autocrítico y de la responsabilidad que se asuma... En definitiva, que más que pararnos por el miedo y la posible frustración, hemos de saber que cada error es una lección de humildad que nos pone en nuestro sitio y nos enseña que hemos de prestar atención y aprender para mejorar para el futuro, aprendiendo y saliendo fortalecidos de cada tropiezo.

Os dejo un vídeo sobre el aprendizaje.... y si aprendes AVANZAS y EVOLUCIONAS. 





martes, 6 de mayo de 2014

aprendiendo a decir NO

Uno de los problemas con los que me encuentro más habitualmente es cuando alguno de mis clientes me dice que no es capaz de decir que no cuando alguien le pide un favor o quejarse por algo que consideran injusto o equivocado. Es decir, no son capaces de expresar sus opiniones y sentimientos... les falta asertividad.

Podemos decir que la asertividad es la capacidad de expresar las opiniones, los sentimientos, las actitudes y los deseos, y reclamar los propios derechos, en el momento adecuado, sin ansiedad excesiva, y de una manera que no afecte a los derechos de los demás.

Las personas asertivas salen adelante, dicen lo que piensan, solicitan los recursos que necesitan, manifiestan sus deseos y sentimientos, y no aceptan un no por respuesta. Y todos podemos (y debemos) ser asertivos, pedir lo que necesitamos y conseguir lo que queremos, sin dejar de ser uno mismo. Aunque seguramente algunos tendrán que practicar un poco... ¿cómo?:

1. Comienza con algo pequeño. Si la idea de ser asertivo te hace sentir especialmente mal o inseguro, comienza con situaciones de bajo riesgo. Por ejemplo, si pides un café solo, y el camarero te uno con leche, hazle ver su error y pide que te lo cambie. Si sales con tu pareja y estáis tratando decidir un lugar para comer, manifiesta tu opinión a la hora de elegir a donde ir.

Una vez que te sientas cómodo en estas situaciones de bajo riesgo, comienza subiendo la dificultad poco a poco.

2. Empieza diciendo no. En el camino para ser más asertivo, el NO es tu mejor compañero. Debes decir NO más a menudo. Es posible ser firme y decidido con el NO sin dejar de ser educado. Al principio, decir que no puede hacer que te sientas ansioso, pero con el tiempo llegarás a sentirte bien y bastante liberado.

Es probable que algunas personas se sientan decepcionadas ante esta nueva situación, pero recuerda que mientras expreses tus necesidades de una manera educada, no eres en absoluto responsable de su reacción.

3. Sé simple y directo. Cuando te estás afirmando a ti mismo, menos es más. Pide las cosas de manera sencilla y directa. No hay necesidad de dar explicaciones elaboradas (ahora lo veremos). Simplemente di de forma educada lo que piensas, sientes o deseas.

4. Utiliza el "yo". Cuando pidas algo o te quejes por algo usa el "yo". Habla siempre en primera persona, así en vez de decir: "Eres muy desconsiderado. No tienes ni idea de lo duro que ha sido el día de hoy. ¿Por qué me pides que haga todas estas tareas?", dí "Estoy agotado hoy. Sé que quieres que haga todas estas cosas, pero no voy a poder hacerlas hasta mañana”.

5. No te disculpes por expresar una necesidad o deseo. No hay razón para sentirse culpable o avergonzado por expresar una necesidad o deseo. Deja de pedir disculpas cuando pides algo, simplemente pídelo educadamente y espera a ver qué te contestan.

6. Utiliza el lenguaje corporal y el tono de voz. Debes parecer seguro al hacer pedir algo o indicar una preferencia. Ponerse de pie, inclinarse un poco, sonreír, mirar a la persona a los ojos,... denotan seguridad. Asegúrate también de hablar con claridad y en voz lo suficientemente alta.

7. No tienes que justificar o explicar tu opinión. Cuando tomas una decisión o das una opinión con la que otros no están de acuerdo, un modo en el que van a tratar de ejercer control sobre ti será exigiendo que des una justificación de tu elección, opinión o comportamiento y si no puedes encontrar una razón suficiente, ellos supondrán que debes estar de acuerdo con lo que quieren.

Las personas no asertivas, con su necesidad de agradar, se sienten obligadas a dar una explicación o una justificación para cada elección que hacen, incluso si la otra persona no se la pidió. Quieren asegurarse de que todo el mundo está de acuerdo con sus opciones, y de este modo lo que están haciendo es pedir permiso para vivir sus propias vidas.

8. Sé persistente. A veces hay situaciones en las que al principio no encuentras respuesta a tus solicitudes. No te limites a decirte a ti mismo: "al menos lo intenté". Muchas veces para ser tratado con justicia tienes que ser persistente; por ejemplo, si te cancelan un vuelo, sigue preguntando por otras opciones, como ser pasado a otro vuelo o compañía aérea, para poder llegar a tu destino a tiempo.

9. Mantén la calma. Si alguien está en desacuerdo o desaprueba tu elección, opinión o solicitud, no debes enojarte o ponerte a la defensiva. Es mejor buscar una respuesta constructiva o evitar a esa persona en el futuro.

10. Elije tus batallas. Un error muy común que cometemos cuando queremos ser más asertivo es tratar de ser firme todo el tiempo. Puede haber casos en los que ser asertivo no te llevará a ninguna parte y tomar una postura más agresiva o pasiva es la mejor opción.

Aprender a expresar tus opiniones, y a respetar esas opiniones y deseos, te convertirá en una persona con mayor confianza. El resultado de una acción asertiva puede llevarte a conseguir exactamente lo que quieres, o quizás un compromiso, o tal vez un rechazo, pero independientemente del resultado, dará lugar a que te sientas más cerca de controlar tu propia vida.


¿Qué te parecería ser más asertivo?

lunes, 5 de mayo de 2014

y tú… ¿qué quieres ser de mayor?

"y tú… ¿qué quieres ser de mayor?"

Menuda pregunta para un niño... se les queda una cara con una media sonrisa y una mirada perdida mientras su imaginación va de un lado para otro. Y a partir de ahí, empiezan a decir cosas y más cosas... policía, vaquero (pero de los de los indios), doctora, diseñadora de tartas, piloto de barco/avión... cosas que van saliendo de su interior con una naturalidad pasmosa y con una seguridad tan aplastante que hasta me dan un poco de envidia. Están tan seguros que no hay ni una duda en sus palabras.

La respuesta que le doy a mis hijos es siempre la misma: "...serás lo que quieras ser..."

Quizás una respuesta arriesgada, porque las decisiones que adopten mis hijos cuando les toque decidir, puede que estén contra mis creencias, contra todo aquello que crea que es o no es adecuado para su futuro. Pero aún así, y cada vez tengo más claro, que no hay mayor garantía para el éxito profesional (y personal) que ser capaz de descubrir qué es lo que te gusta, de hacer aquello que te mueve y conmueve, aquello que sale de ti, y sobre todo... de hacer lo que te dice tu corazón.

Los niños no tienen ninguna dificultad en escuchar a su corazón, pero… ¿y los adultos?, ¿somo capaces de hacer eso?, ¿podemos conectar con nuestros recursos, con nuestro potencial, para fomentar, cuidar y pulir nuestras habilidades y cualidades que todos traemos de serie?

Haz la prueba: trata de preguntar a los adultos lo siguiente
- ¿Qué te gustaría hacer profesionalmente?
- ¿Te gusta lo que haces?
- ¿A qué te trabajo te gustaría dedicarte?
- ¿Qué sentido tiene para ti tu trabajo?

Seguramente las respuestas no saldrán de una forma tan rápida, espontánea y alegre como las de los niños… Incluso habrá gente que ni se lo haya planteado, y esté consumiendo toda su energía en hacer algo que no tenga nada que ver con su persona. O puede ser que no sepa qué contestar y se quedará en silencio.

¿Qué sucede para que cambie tanto el panorama en unos pocos años?

De hecho, yo mismo me sorprendí a mí mismo un día preguntándome por el sentido de mi trabajo, y eso fue para como si me hubieran dado un guantazo, guantazo físico y emocional que hizo que todo lo que había hecho y estaba haciendo se tambaleara. Y de golpe y porrazo empecé a hacerme un sinfín de preguntas del tipo:
¿de verdad me veo yo haciendo ésto durante toda mi vida?
¿a qué estoy contribuyendo con mi esfuerzo y energía?
¿qué sentido tiene ésto para mí?
¿dentro de unos años estaré orgulloso de lo que he hecho profesionalmente?

Las respuestas me hicieron sufrir, pero nunca imaginé que ese sufrimiento se convertiría en mi mejor aliado para hacer lo que hoy estoy haciendo…

Creo que existe una minoría privilegiada, que tiene su vocación perfectamente identificada desde que son pequeños, y consiguen ser congruentes con esa fuerza interna que les quema desde dentro, para construir desde ahí un proyecto personal y profesional cargado de sentido. Pero creo que la gran mayoría, los que no hemos tenido esa suerte, no  nos hemos sabido mirar hacia dentro; bien porque no teníamos activada esa capacidad, bien porque nadie nos había enseñado que el verdadero aprendizaje, y la verdadera sabiduría tienen lugar de puertas para adentro: en el conocimiento de uno mismo, y no en el "conocimiento del medio", lo que de toda la vida eran las ciencias naturales y sociales en EGB.

Seguro que las cosas irían mejor si además de de lo que se enseña, se dedicaran unas horas al autoconocimiento, a fomentar la creatividad, el trabajo en equipo, a la comunicación y hablar en público, a la asertividad... vamos, habilidades sociales y emocionales esenciales para dejar de ser unos auténticos analfabetos en estas materias.

El mejor pasaporte hacia un futuro con éxito (y no hablo de lo material, que vendrá como consecuencia de lo demás), es conocerse bien uno mismo, escuchar nuestro corazón y descubrir esa fuerza interna que está dentro de cada uno, porque estar, está… sólo hay que dejar que salga, y desempolvar un poco el baúl de los recuerdos.

Y si no puedes en este momento hacer aquello que amas, hazte un favor y al menos pon amor (no lo intentes, hazlo) en lo que haces…

Y si no, NO LO HAGAS.

Y os dejo un vídeo, es el anuncio de una marca de whisky... pero merece la pena.



viernes, 2 de mayo de 2014

mejora tu resiliencia

Para empezar... ¿qué es la resiliencia?

"La resiliencia es la capacidad que posee un individuo frente a las adversidades, para mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones, que permiten avanzar en contra de la corriente y superarlas".

Pero, ¿cómo son las personas resilientes? Básicamente...
1.- Aceptan la realidad tal y como es.
2.- Creen que la vida tiene sentido
3.- No desesperan hasta lograr que las cosas mejoran.

De esa forma, la persona resiliente no se da por vencido con las dificultades, ya que está convencido de que las cosas pueden cambiar. Mucha de la gente que cede y abandona lo hace porque pierde la esperanza en que la situación mejore, sea esto cierto o no... y cuanto antes abandona alguien ante una dificultad o más pronto se deprime, menos resiliente es; y cuanto más consigue soportar en una situación difícil (no en plan mártir, sino procurando mejorar la situación) más resiliente es.

Y la pregunta siguiente sería... ¿por qué es importante ser resiliente? Y la respuesta es bien sencilla... porque todos, en algún momento de nuestras vida, nos vamos a enfrentar a alguna situación adversa en que necesitemos nuestra mejor voluntad, coraje y optimismo inteligente para salir de ella.

¿Podemos hacer algo si somos poco resilientes? Mi amigo Bernardo hace apenas un rato dijo "...como todo en esta vida se entrena, ¿verdad?..." Efectivamente, todo se entrena, y la resiliencia no es ninguna excepción... y aquí dejo una serie de ideas y pautas que pueden ayudar a cultivar la resiliencia:

- La vida tiene un propósito. Busca el propósito por el que vivir. Eso te dará fuerza.

- Ten una buena red social. El apoyo de otras personas es una de las cosas que más nos pueden ayudar cuando todo parece ir mal. Si no la tienes, empieza ya a construirla.

- Explica lo que te pasa. Esa idea tan común de que uno tiene que arreglar sus problemas por si mismo, sin ayuda externa, es una gran mentira. No eres menos por pedir ayuda y no dudes en buscar ayuda profesional si eso también puede contribuir a que soluciones tú problema.

- Siente que controlas tus circunstancias. Debes sentir que tu actuación puede cambiar lo que te sucede. Si piensas que lo que hagas no va a cambiar nada, ¿para qué vas a hacerlo?. Por lo tanto, aunque sea como hipótesis, plantéate que puedes cambiar tus circunstancias y actúa.

- Actúa. Prueba una forma de actuar y revisa los resultados.

Si vas incorporando estas pautas poco a poco, seguro que si en algún momento vienen malos momentos (que vendrán) estarás mejor preparado para ellos.

Y si alguien tiene más interés, aquí os dejo un vídeo sobre resiliencia


miércoles, 30 de abril de 2014

una historia sobre la zona de confort

El otro día encontré un cuento precioso del Dr. Iñaki Vazquez en su blog, mente en positivo, y os lo traigo porque creo que merece la pena leerlo:


"El helicóptero tomó tierra en medio de un ruido estridente. Alguien te empujó y te puso una bolsa entre las manos, y antes de que te diera tiempo a reaccionar el helicóptero se alzaba de nuevo y se perdía de vista entre ráfagas de aire. Ahora estabas solo en medio de la isla.

El claro donde estabas se rodeaba de árboles altos y densos y un pequeño riachuelo corría en uno de sus flancos. La bolsa tenía algunas herramientas de supervivencia básicas. Pronto organizaste un refugio hecho de ramas y troncos caídos y en apenas unos días, conseguiste todo lo necesario para tu subsistencia. La alimentación provenía de frutos y bayas recogidos de los árboles y arbustos de los alrededores, tenías el agua del riachuelo que te ofrecía también algunos peces, y de vez en cuando podías cazar algún ave o animal pequeño para comer. La vida empezaba a ser llevadera.

Pero el perímetro del bosque te incomodaba: por un lado te daba seguridad, una especie de muro protector, pero también te hacías preguntas. ¿Qué habría allí detrás? ¿Sería peligroso? ¿Y si me perdiera? Lo veías denso y tan oscuro. Quizá otro día, pensabas.

Ese día llegó. Un poco por casualidad y otro poco al dejarte llevar detrás de una liebre que se refugió detrás de uno de aquellos árboles. Diste un salto, un pequeño paso. ¿Por qué no? Y allí estabas detrás de la línea que te habías marcado como límite de tu seguridad. Después de ese paso diste otro. ¡Vaya! Los árboles no son tal altos, ni tan densos, incluso pasa algo de luz. Eso te animó a adentrarte un poco más en el bosque, siempre con un ojo en el claro para no perderte. Apenas unos metros más allá surgió algo que no esperabas: ¡Otro claro!

En dos semanas los dos claros del bosque estaban unidos por un cómodo sendero de tanto ir y venir y tus dominios se habían duplicado. Más espacio para recolectar, pescar, cazar. Había nuevas especies de árboles e incluso un terreno estupendo para cultivar. No podías estar más feliz y tomaste un tiempo para disfrutar de lo que habías conseguido.

Sabías que la siguiente pregunta era inevitable, pero dejaste que surgiera cuando te sintieras de nuevo preparado: ¿Habrá más claros en el bosque?

Siempre era igual: el primer paso de cada nueva incursión te atenazaba el estómago por unos segundos. Pero una vez en marcha era como si una mano invisible tirar de ti hacia adelante. El placer de la curiosidad, el goce de descubrir nuevos caminos, nuevos objetos, nuevas experiencias. Tu mirada iluminaba zonas de aquella isla que pasaban a ser parte de ti, de tu territorio. Ahora podías elegir el mejor lugar donde dormir, donde cazar, donde cultivar…

Pasaba el tiempo. Con frecuencia volvías a aquel primer claro donde ya apenas pasabas tiempo y te sentabas a recordar. ¿Te acuerdas? Aquí empezó todo. Las cosas que pensaba entonces. Si hubiera sabido ésto antes… Y esbozabas una sonrisa cómplice a aquel hombre que llegó asustado por primera vez a la isla. Eras el mismo, pero ya no eras el mismo.

Un año, dos, tres. Habías visto cosas que no pensabas. Caer la nieve durante días, alcanzar la costa y ver cómo una ballena inmensa varaba en la arena, animales salvajes que no imaginabas, un incendio que hizo fundir rocas… Pero nada era comparable al día en que adentrándote más allá de lo que habías hecho nunca, viste una fina columna de humo saliendo de un valle. Y cómo, al acercarte, salió ella y te dijo. ¡Hola! ¿Quién eres? ¿Quieres venir al pueblo conmigo?

Y la isla ya no era una isla pequeña y remota sino que era grande y estaba llena de gente y de pueblos enteros que hablaban otros idiomas y tenían otras culturas. Y los recorriste todos hasta saciar tu curiosidad y encontrar aquel en el que asentarte y quedarte con ella. Y tuviste hijos que crecieron contigo y escuchaban con los ojos abiertos cómo su padre había llegado hacía muchos años a la isla y cómo había dado el primer paso dentro del bosque detrás de una liebre. Su padre había conocido la isla y ahora también era de ellos.

Un día en la playa viste cómo tus hijos, ya mayores, junto a otros chicos, cortaban algunos troncos. ¿Qué hacéis? preguntaste. Pero tú ya sabías la respuesta. Porque para ellos ese mar infinito que rodeaba la isla era algo que parecía insondable, como hacía muchos años un bosque te lo había parecido a ti. Porque a veces llegaban objetos arrastrados por la marea que no existían en la isla, porque por las noches sus hijos soñaban en volar sobre aquel mar, porque habían escuchado las historias de su padre… ¿Qué hacéis? preguntaste. Construimos un barco, te dijeron. Y con una sonrisa en los labios te uniste a ellos para ayudarles."

Depende de cada uno decidir si lo que se quiere es permanecer en la seguridad de tu zona de confort o prefieres buscar algo más...

AVANZA-EVOLUCIONA

martes, 29 de abril de 2014

comiendo con los niños.

Aunque a muchos les pueda sorprender, un psicólogo es tan importante en la re-educación en la alimentación infantil como un buen médico especialista en nutrición.

La reacción de los niños ante un plato de comida depende de muchos factores. Mientras que hay niños que tienen hambre a todas horas, otros nunca tienen hambre o se agobian cuando ven demasiada comida en el plato. Y aquí los padres juegan un papel muy importante en la educación y en los hábitos alimentarios de sus hijos: hay que mantener una actitud firme y marcar los límites, y esa es la clave para enseñar a los niños a comer bien y a comportarse en la mesa.

Una de las preguntas que repiten los padres que vienen a consulta es cómo enseñar a los niños a masticar o a comer sólidos sin volverse loco en el intento.
La verdad es que es más fácil de lo que imaginamos. Pocas veces nos encontramos con problemas fisiológicos para comer cosas sólidas. Es muy raro que un niño no pueda comer una patata frita y ahí sí que tiene que masticar. Suele ser más un tema de inapetencia, de que no le gusta el alimento o le resulta duro. Los padres tienen que ponerse muy firmes: "la comida de hoy es filete y nos la vamos a comer, trocito a trocito. Vamos a ir haciendo trozos muy pequeños de filete y vamos a ir masticando. Puedes ayudarte con un poco de pan o de agua". En todo momento es fundamental que los niños vean que los padres son firmes y no van a cambiar el filete por otra cosa. Si ven que tienen la posibilidad de cambiarlo, no se lo van a comer. Si mantenemos una actitud firme va a ser más fácil de lo que en un primer momento nos podemos imaginar.

¿Por qué hay niños que cuando algo no les gusta o ven mucha comida en el plato se agobian y llegan a provocarse vómitos?
Para los niños, y aunque nos parezca difícil de entender, provocarse el vómito es muy fácil. Ellos saben que provocar el vómito significa que estás malo y no te lo vas a comer. Es una estrategia para evitar comerme esto, que además presenta una ganancia secundaria: "no tengo que comerme esto y además me hacen unos pocos mimos, pensando que puedo estar malito". Los padres no tienen que asustarse, se nota mucho cuando un niño está enfermo. Efectivamente, cuando un niño está enfermo no hay que obligarle a comer, pero cuando está provocando un vómito para llamar la atención hay que cortarlo, hay que dejarle ver que esa estrategia no es válida, y que con ella no va a conseguir dejar de comer. Esto no implica que no regulemos la cantidad de comida que hay en el plato, tiene que ser razonable. Es mejor ponerle poco y si quiere más que pueda repetir, a ponerle mucho y luego andar perdonando.

Y después están esos niños que siempre tienen hambre o ganas de comer...
Hay niños que son más comilones que otros porque necesitan un mayor aporte de energía, pero debemos ir educando la cantidad de comida que pueden comer y el tipo de comida que ingieren. A un niño que sale con mucha hambre del colegio no debemos darle galletas para entretenerle o un bollo prefabricado, sino un bocadillo. Si luego tiene mucha hambre entre una comida y otra, primero hay que controlar la cantidad de comida y segundo, darle de comer cosas sanas, como por ejemplo, una pieza de fruta. Debemos evitar, entre una comida y otra, darle galletas o bollería enseñándole que puede comer, pero cosas sanas. Es también importante darle agua. Cuando tenemos la boca bien salivada, y esto se consigue bebiendo, baja el nivel de ansiedad. Para los niños es fundamental estar bien hidratados y, en el caso de los niños ansiosos que quieren comer más y más, es muy bueno darles agua.

En España cada vez hay más obesidad infantil... un 16 por ciento… y eso es una barbaridad. Está claro que si un niño está dejando de tomar un bocadillo en la merienda para tomar pasteles con un alto contenido de azúcar o prefabricados, muchos bollos… y si a ésto le unimos que la alimentación no es buena, sin verduras ni frutas, y que además el niño es sedentario, la posibilidad de obesidad es alta. Los niños pasan, hoy en día, mucho tiempo sentados frente a la tele y ahí pocas calorías queman. Es importante que los niños salgan al parque, que se muevan y corran. Debemos volver a retomar ese bocadillo en el parque y eliminar el bollo frente al televisor.

Dejar a comer en el colegio a un niño porque no come bien en casa es un error básico. En la educación de los niños, los responsables son los padres y enseñarles a comer es tarea de los padres. Los niños tienen que aprender a comer desde pequeños antes de ir al colegio y en el colegio, en tal caso, podrán reforzar determinadas conductas.

Una de las cosas que más me encuentro en consulta es que los niños comen mucho mejor en el colegio que en casa. En el comedor, los niños lo hacen mucho mejor porque, en presencia de otros niños y cuidadores, piensan "no voy a ser yo el único que no coma". Además, en el colegio la dinámica habitual es que hay un tiempo establecido para comer y, cuando se acaba el tiempo, nos vamos al patio. Esa pauta les ayuda a aprender a comer en el tiempo establecido. Luego llega la hora de cenar en casa con sus padres y como no reproducimos las mismas situaciones y saben que, al final, los padres suelen ser más blanditos y van a ceder, no se portan como en el colegio. En el colegio no se cambia la comida, en casa muchas veces sí. Es importante no cambiarla, el niño tiene que ver que hay una. Aunque puede ser más fácil para una madre, si algo no le gusta al hijo, hacerle otra cosa, ese no es el aprendizaje óptimo. El niño debe aprender que se come lo que está en el plato, la cantidad que está en el plato y que no se cambia la comida.

Y si en el colegio no se permiten determinadas conductas como comer con las manos, tirar miguitas de pan, estar peleando con el niño de al lado…, en casa tampoco debemos permitirlo. Los padres debemos decir a los niños "si haces esto, nosotros no vamos a comer contigo o vas a cenar solo". En casa debemos poner tiempos para comer y valorar si le retiramos ya la comida y se acabó o se queda solo hasta que termine de comérselo sin hacerle caso.

Nunca podemos olvidarnos que los padres somos los responsables de la educación de los niños y mostrándonos firmes y serenos podemos hacer mucho por mejorar las comidas de sus hijos... y de una manera mucho más fácil de lo que parece al principio.

lunes, 28 de abril de 2014

si no te gusta, cámbialo

Llevaba ya unos días queriendo hablar del Manifiesto Holstee. Porque es inspirador, porque, sin duda, a veces es necesaria una luz (por pequeña que sea) para iluminar esa camino por el que transitamos cuando se nos hace de noche. Dice así:

Esta es tu vida. Haz lo que amas y hazlo pronto. 
Si algo no te gusta, cámbialo. 
Si no te gusta tu trabajo, déjalo. 
Si no tienes tiempo suficiente, apaga la televisión. 
Si estás buscando al amor de tu vida, para; te estará esperando cuando empieces a hacer cosas que amas. 
Deja de querer analizar todo, la vida es simple. 
Todas las emociones son hermosas. 
Cuando comas, aprecia hasta el último bocado. 
Abre tu mente, tus brazos y tu corazón a nuevas experiencias y nuevas personas, pues estamos unidos gracias a nuestras diferencias. 
Pregunta a la próxima persona que conozcas cuál es su pasión, y comparte tu sueño inspirador con ella. 
Viaja con frecuencia; perderte te ayudará a encontrarte. 
Algunas oportunidades sólo llegan una vez, aprovéchalas. 
La vida va sobre las personas que conoces y las cosas que puedes crear con ellas, así que sal -ahora- y empieza a crear. 
La vida es corta. Vive tu sueño y haz realidad tu pasión.

El problema de todas estas frases de... "Si no te gusta algo, cámbialo" o "Cambia tu vida, sé feliz y disfruta" es que muy fácil de decir y queda muy bien en un vídeo o una imagen..., sin embargo en la vida es realmente complicado y casi imposible de conseguir...

...y (una mierda) un cuerno.

A menos que desees seguir una vida llena de apatía, de ser un avestruz y meter la cabeza bajo tierra cada vez que aparezcan problemas. A menos que quieras esconderte, llorar y permanecer inmóvil ante un mundo que no entiendes. A menos que prefieras huir, dejarlo todo tal y como está, o decir constantemente... prefiero no hacerlo, prefiero no intentarlo.

Tú decides, tuya es la vida y tuyo el tiempo. 

aquí os dejo el vídeo... ese en el que las frases quedan tan bien.